Portal del Poder de Dios

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34. En las letanías se pueden añadir algunos nombres de santos, especialmente el del titular de la iglesia, el de los patronos del lugar y el de los que van a ser bautizados.
 

Señor, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros
Santa María, Madre de Dios Ruega por nosotros
San Miguel Ruega por nosotros
Santos Ángeles de Dios Rueguen por nosotros
San Juan Bautista Ruega por nosotros
San José Ruega por nosotros
Santos Pedro y Pablo Rueguen por nosotros
San Andrés Ruega por nosotros
San Juan Ruega por nosotros
Santa María Magdalena Ruega por nosotros
San Esteban Ruega por nosotros
San Ignacio de Antioquía Ruega por nosotros
San Lorenzo Ruega por nosotros
Santas Perpetua y Felícitas Rueguen por nosotros
Santa Inés Ruega por nosotros
San Gregorio Ruega por nosotros
San Agustín Ruega por nosotros
San Atanasio Ruega por nosotros
San Basilio Ruega por nosotros
San Martín Ruega por nosotros
San Benito Ruega por nosotros
Santos Francisco y Domingo Rueguen por nosotros
San Francisco Javier Ruega por nosotros
San Juan María Vianney Ruega por nosotros
Santa Catalina de Siena Ruega por nosotros
Santa Teresa de Jesús Ruega por nosotros
Santos y Santas de Dios Rueguen por nosotros
Muéstrate propicio Líbranos, Señor
De todo mal Líbranos, Señor
De todo pecado Líbranos, Señor
De la muerte eterna Líbranos, Señor
Por tu encarnación Líbranos, Señor
Por tu muerte y resurrección Líbranos, Señor
Por el don del Espíritu Santo Líbranos, Señor
Nosotros, que somos pecadores Te rogamos, óyenos

Si hay bautizos:
 

Para que te dignes comunicar tu propia vida a quienes has llamado al bautismo
 
Te rogamos, óyenos

Si no hay bautismo:
 

Para que santifiques esta agua por la que renacerán tus nuevos hijos Te rogamos, óyenos
Jesús, Hijo de Dios vivo Te rogamos, óyenos

Si hay bautizos, el sacerdote, con las manos juntas, dice la siguiente oración:

Derrama, Señor, tu infinita bondad en este sacramento del bautismo y envía tu santo Espíritu, para que haga renacer de la fuente bautismal a estos nuevos hijos tuyos, que van a ser santificados por tu gracia, mediante la colaboración de nuestro ministerio. Por Jesucristo, nuestro Señor. / R. Amén.

BENDICIÓN DEL AGUA BAUTISMAL

35. Enseguida el sacerdote bendice el agua bautismal, diciendo con las manos juntas, la siguiente oración:

Dios nuestro, que con tu poder invisible realizas obras admirables por medio de los signos de los sacramentos y has hecho que tu creatura, el agua, signifique de muchas maneras la gracia del bautismo.

Dios nuestro, cuyo Espíritu aleteaba sobre la superficie de las aguas en los mismos principios del mundo, para que ya desde entonces el agua recibiera el poder de dar la vida.

Dios nuestro, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nuevo nacimiento de los hombres, al hacer que de una manera misteriosa, un mismo elemento diera fin al pecado y origen a la virtud.

Dios nuestro, que hiciste pasar a pie enjuto por el Mar Rojo a los hijos de Abraham, a fin de que el pueblo liberado de la esclavitud del faraón, prefigurara al pueblo de los bautizados.

Dios nuestro, cuyo Hijo, al ser bautizado por el precursor en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo; suspendido en la cruz, quiso que brotaran de su costado sangre y agua; y después de su resurrección mandó a sus apóstoles: “Vayan y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Mira ahora a tu Iglesia en oración y abre para ella la fuente del bautismo. Que por la obra del Espíritu Santo esta agua adquiera la gracia de tu Unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen, limpio de su antiguo pecado por el sacramento del bautismo, renazca a la vida nueva por el agua y el Espíritu Santo.

Si lo cree oportuno, introduce el cirio pascual en el agua una o tres veces, diciendo:

Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, por tu Hijo, descienda sobre el agua de esta fuente,

Manteniendo el cirio dentro del agua, prosigue:

Para que todos los que en ella reciban el bautismo, sepultados con Cristo en su muerte, resuciten también con él a la vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. / R. Amén.

36. Enseguida saca el cirio del agua y el pueblo dice la siguiente aclamación o alguna otra adecuada:

Fuentes del Señor, bendigan al Señor,

Alábenlo y glorifíquenlo por los siglos.

37. Cada catecúmeno hace la renuncia a Satanás y la profesión de fe, y recibe el bautismo. Si está presente el obispo, los catecúmenos adultos reciben inmediatamente la confirmación; en caso contrario el presbítero que ha administrado el bautismo puede también confirmar a los catecúmenos adultos (Cfr Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, nn. 228 y 362).

BENDICIÓN DEL AGUA

38. Si no hay bautizos, ni bendición de la fuente bautismal, el sacerdote invita al pueblo a orar diciendo:
Pidamos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, que bendiga esta agua, con la cual seremos rociados en memoria de nuestro bautismo, y que nos renueve interiormente, para que permanezcamos fieles al Espíritu que hemos recibido.

Y después de una breve oración en silencio, prosigue con las manos juntas:

Señor, Dios nuestro, mira con bondad a este pueblo tuyo, que vela en oración en esta noche santísima, recordando la obra admirable de nuestra creación y la obra más admirable todavía, de nuestra redención. Dígnate bendecir +esta agua, que tú creaste para dar fertilidad a la tierra, frescura y limpieza a nuestros cuerpo.

Tú, además, has convertido el agua en un instrumento de tu misericordia: a través de las aguas del Mar Rojo liberaste a tu pueblo de la esclavitud; en el desierto hiciste brotar un manantial para saciar su sed; con la imagen del agua viva los profetas anunciaron la nueva alianza que deseabas establecer con los hombres; finalmente, en el agua del Jordán, santificada por Cristo, inauguraste el sacramento de una vida nueva, que nos libra de la corrupción del pecado.

Que esta agua nos recuerde ahora nuestro bautismo y nos haga participar en la alegría de nuestros hermanos, que han sido bautizados en esta Pascua del Señor, el cual vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS DEL BAUTISMO

39. Terminada la ceremonia del bautismo (y de la confirmación) o, sino hubo bautizos, después de la bendición del agua, todos, de pie y teniendo en sus manos las velas encendidas hacen la renovación de las promesas del bautismo.

El sacerdote se dirige a la comunidad con esta palabras u otras parecidas:

Hermanos, por medio del bautismo, hemos sido hechos partícipes del ministerio pascual de Cristo; es decir; por medio del bautismo, hemos sido sepultados con él en su muerte para resucitar con él a una vida nueva. Por eso, después de haber terminado el tiempo de Cuaresma, que nos preparó a la Pascua, es muy conveniente que renovemos las promesas de nuestro bautismo, con las cuales un día renunciamos a Satanás y a sus obras y nos comprometimos a servir a Dios, en la santa Iglesia católica.

Para hacer renuncia, se puede tomar una de las dos fórmulas que se proponen a continuación:

Primera fórmula:

Sacerdote: ¿Renuncian ustedes a Satanás?
Todos: Sí, renuncio.
Sacerdote: ¿Renuncian a todas sus obras?
Todos, Sí, renuncio.
Sacerdote: ¿Renuncian a todas sus seducciones?
Todos: Sí, renuncio.

Y el sacerdote concluye:

Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos liberó del pecado y nos ha hecho renacer por el agua y el Espíritu Santo, nos conserve con su gracia unidos a Jesucristo nuestro Señor, hasta la vida eterna. / R. Amén.

40. El sacerdote rocía al pueblo con el agua bendita, mientras todos cantas la siguiente antífona o algún otro canto bautismal:
Vi brotar agua del lado derecho del templo, aleluya. Vi que en todos aquellos que recibían el agua, surgía una vida nueva y cataban con gozo: Aleluya, aleluya.

41. Mientras tanto los neófitos son conducidos a su lugar entre los fieles.
Si la bendición del agua bautismal se hizo en el presbiterio, los ministros llevan a la fuente, con toda reverencia, el recipiente del agua. Si no hubo bendición de la fuente, el agua bendita se coloca en un lugar apropiado.

42. Hecha la aspersión, el sacerdote vuelve a la sede, en donde dirige la Oración Universal, en la cual toman parte los neófitos por primera vez.
No se dice Credo

CUARTA PARTE

LITURGIA EUCARÍSTICA

43. El sacerdote va al altar y comienza la Liturgia Eucarística, en la forma acostumbrada.

44. Es conveniente que el pan y el vino sean presentados por los neófitos, si los hay.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.- Acepta, Señor, los dones que te presentamos y concédenos que el memorial de la muerte y resurrección de Jesucristo, que estamos celebrando, nos obtenga la fuerza para llegar a la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio l de Pascua.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN.- Cristo, nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado. Celebremos, pues, la Pascua, con una vida de rectitud y santidad. Aleluya (1 Cor 5, 7-8).

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.- Infúndenos, Señor, tu espíritu de caridad, para que vivamos siempre unidos en tu amor los que hemos participado en este sacramento de la muerte y resurrección de Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Para la despedida, el diácono o el mismo sacerdote dice:

Pueden ir en paz, aleluya, aleluya.
R. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

LA PALABRA EN TU VIDA

Las mujeres que fueron al sepulcro quedaron desconcertadas, no sabían qué pensar.
Ante el dolor de la muerte, también nosotros quedamos desconcertados, y nos llenamos de dudas.
La resurrección de Cristo nos dice que la muerte no es definitiva, sino la vida.


 


 

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